LA COLUMNA CATÁRTICA

LA COLUMNA CATÁRTICA
PASCO (Foto Teo Torres)

sábado, 29 de septiembre de 2012

Érase una vez…



“El escenario de mi cuento es esta tierra, en la que actualmente vivimos. Pero el período histórico es imaginario
John Ronald Reuel Tolkien


El cuento ha marcado la niñez de todos. Desde los grandes clásicos de los hermanos Grimm, como Cenicienta, Caperucita Roja y más, hasta La Ganshana, Juan el Oso, La cabeza voladora, entre otros, relatados por los más grandes cuentistas orales, nuestros abuelos pasqueños.

El término “Érase una vez” representaba, entre otras, la puerta de entrada a un mundo distinto lleno de magia e imaginación. Es así que muchos niños esperan con ansias este momento, en el que no sólo se entretienen, si no como refiere el psicólogo austriaco Bettelheim, el niño llega a comprender lo que sucede en su yo consiente e inconsciente, a través de la identificación con los personajes y situaciones relatadas. Ello también nos lleva a comprender la importancia de contar cuentos, el cual radica en la estimulación de la comunicación afectiva en el niño, ya que este siente que se le dedica un tiempo especial en un intercambio de voz y pensamiento.

Otro punto interesante es que muchos niños desean oír el mismo cuento en repetidas ocasiones. Justamente es la repetición la base de los aprendizajes en los niños, y un estudio de la Universidad británica de Sussex, dirigido por la psicóloga Jessica Horst, así lo demuestra, es esta repetición lo que acelera la adquisición del vocabulario.

Está claro que los cuentos tienen un trasfondo mucho más sustancial de lo que nos imaginamos, basta con dar una rápida mirada por ellos y nos daremos cuenta que todos devienen de una situación casi conocida, en el que los temas recurrentes son los problemas existenciales que aquejan a los niños. Resulta común que los niños aquejados por abusos, encuentren en los personajes “malos” como los ogros o brujas a sus abusadores. La forma de abordar el tema en los cuentos, hace que ello resulte atrayente.

Nota: Si Ud. Respetado lector desea conocer más a fondo mucho de los cuentos de su infancia, y encontrar una respuesta a por qué alguno le resultó más atrayente, no dude en leer “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” de Bruno Bettelheim.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Dificultades y problemas en los niños


 ““El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde””
Gabriela Mistral

Hace unos días la profesora del curso de Ludoterapia lanzó la incógnita: ¿Se puede hablar de trastorno en los niños? Y pues la respuesta para ella era muy sencilla, NO. La consigna era averiguar por qué o rebatir su respuesta. Una explicación sencilla a su respuesta es que “los trastornos son una clasificación categorial no excluyente, basada en criterios con rasgos definitorios” como define El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés). Por el contrario, los niños están en constante desarrollo y estos llamados rasgos definitorios los etiquetan, sin tomar en cuenta que en su proceso maduracional y evolutivo, se puede superar dichos rasgos. A diferencia de ello, si pueden presentarse  dificultades y/o problemas en su desarrollo.

Es esencial definir los términos. Para ello utilizaremos los tópicos “dificultades del aprendizaje” y “problemas del aprendizaje”, los cuales han sido desarrollados por la Asociación Nacional para la formación y asesoramiento de los profesionales de España (2012). Las dificultades de aprendizaje se caracterizan por que están relacionadas con las diferencias individuales para aprender: distintos ritmos de aprendizaje, diferentes estilos cognitivos, diversas motivaciones e intereses, personalidad. Y los problemas de aprendizaje son los que presentan aquellas personas cuyo rendimiento en lectura, escritura y cálculo es significativamente inferior al esperado por edad, escolarización y nivel de inteligencia. Así pues las dificultades del aprendizaje englobarían problemas del aprendizaje como la dislexia, dislalia, entre otras.

 Por otro lado es muy importante que estas dificultades y/o problemas sean identificados a tiempo y reciban la instrucción profesionalizada, ya que investigaciones refieren que muchos niños aislados de la intervención desarrollan dificultades emocionales (Fisher y Woods, 2004).

El tema es aún más complejo, por lo que está en mano de todos los involucrados en la formación y soporte de los niños, averiguar más al respecto, para su posterior aplicación en la formación de quienes son el presente de nuestro país. Los padres de familia, los maestros, la sociedad en su conjunto tienen un gran compromiso.

Potencialidades de los niños


 “El niño, para el pleno desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión”
Artículo 6° Declaración de los Derechos del Niño


El cerebro de los niños, al nacer es como un lienzo en blanco, el cual puede llegar a convertirse en una gran obra maestra o simplemente un dibujo superficial. Desde su nacimiento, los niños tienen ya unos 100.000 millones de células en el cerebro, todas esperando conectarse unas a otras, son precisamente el número y calidad de conexiones neuronales las que favorecen su desarrollo intelectual. A si mismo cada niño nace con talentos especiales derivado de la genética. Ello en su conjunto hace de todos nosotros personas únicas. Estas potencialidades constan de tres aspectos importantes la aptitud, el interés y la vocación. Es obligación de los padres y responsabilidad de la ciudadanía descubrir estas potencialidades y fortalecerlas.

¿Cómo identificar las potencialidades? Para la educadora chilena Patricia Cabrera, en el desarrollo de la estimulación temprana, se podría reconocer estas potencialidades, ésta se desarrollará donde ya existe y asomará cuando sea el momento, y donde no existe, con un acompañamiento temprano se desarrollará una capacidad.

Pues bien, es importante resaltar que los primeros años de vida son el mejor momento para ayudar a los niños a desarrollar capacidades. Pero no basta con ello, sino que debe ir acompañada de un desarrollo socio-emocional. Según muchos estudios psicológicos, como el de Lawrence E. Shapiro, revelan que, los padres que manifiestan la ternura y el amor, producen efectos muy positivos en sus hijos. En lo cognitivo, estos serán alumnos más eficaces, con mayor concentración y con menores interferencias afectivas. En el plano social, causarán una mejor impresión y serán más hábiles para relacionarse. Además estas conductas afectivas llegan a ser incorporadas en el propio niño, convirtiéndolos en transmisores de afecto.

Estas potencialidades hacen de los niños las voces del presente y futuro de nuestro mundo. Lamentablemente también existen dificultades que pueden frenar su normal desarrollo; justamente este tema es el que se abordará la próxima semana.

sábado, 14 de julio de 2012

Reencontrándome con mis raíces


El pasado viernes (06 de julio), tuve el agrado de asistir a una conferencia sobre Pasco, en esta ciudad (Lima). Es la primera vez que participo de un evento como este en la capital, y es digno de comentarlo porque me encontré con nuestros abuelos, nuestros hermanos mayores, quienes tienen esa riqueza cultural que ha de ser heredada a nosotros. Agradezco la invitación a los jóvenes, ya que es muy importante para los cimientos de la preservación de nuestra identidad.

Hace unas semanas escribí sobre la adolescencia para Erikson (1968), en que la tarea principal de la adolescencia es resolver el conflicto de identidad versus confusión de identidad. Pues bien, este sentido de quiénes son puede verse obstaculizado, lo que da lugar a una sensación de confusión sobre sí mismos y su papel en el mundo. Ya en la siguiente etapa del desarrollo psicosocial, la del adulto joven, hay consolidación de la identidad y comienzo de la realización del proyecto de vida. Adaptación a la vida social.

Esta adaptación a la vida social muchas veces puede ir acompañada de una identidad endeble, desarrollando así una pobre identidad social. Tomando en cuenta la definición del psicólogo social británico Tajfel (1981), sobre la identidad social, como aquella parte del autoconcepto de un individuo que deriva del conocimiento de su pertenencia a un grupo social junto con el significado valorativo y emocional asociado a dicha pertenencia.

Y dicho desarrollo del sentimiento de pertenencia está en las manos de Uds. hermanos mayores, sigan integrándonos en sus actividades, sigan fomentando la identidad pasqueña que de esta manera generaremos  conciencia social. No solo haciendo política contribuimos al desarrollo. También podemos aportar desde donde nos encontremos. Es ahora que podemos utilizar nuestras energías de forma eficiente. Sean Uds. la guía de ese camino.

Actividades como las del viernes pasado, y muchas otras situaciones o acciones que tengan que ver con nuestro departamento hace que mire hacia atrás, no para retroceder sino para reencontrarme con mis raíces y que estas sigan marcando la línea de mi futuro.

martes, 3 de julio de 2012

Resiliencia


Resiliencia. Hace unos días use este término con un paciente, a lo que él contesto “¿Qué es eso? ¿Por qué utilizamos términos extranjeros?” Se me hizo difícil entender que esta palabra puede ser desconocida por muchos. A raíz de ello se me hizo importante comprender esta situación, porque además esta palabra es utilizada en diferentes áreas, de acuerdo a su propio contexto. En mi caso, creo necesario ir desarrollando una cultura psicológica; ese es el objetivo de esta columna. Y por ello me vi en la necesidad de escribirles sobre este tema desde esta perspectiva, además recordemos que es necesario usar el término apropiadamente.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (2005), el término resiliencia proviene del inglés resilience y es utilizada en el campo de la física para referirse a aquellos materiales que tiene la virtud de recuperar su forma original después de haber sido sometidos a grandes presiones deformadoras (resistencia a los impactos). Etimológicamente, procede del latín saliere, que se traduce como “saltar hacia atrás, rebotar, ser repelido o surgir”, antecedido por el prefijo “re”, que indica repetición o reanudación.

En la actualidad no existe un consenso sobre su definición, pero una que nos permite entender mejor el término es la dada por los psicólogos adscritos a la APA (Asociación Psicológica Americana), quienes definen la resiliencia como el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, una tragedia, una amenaza, o hasta fuentes de tensión significativa —como problemas familiares o de relaciones, problemas serios de salud o factores estresantes del trabajo o financieros. Significa “rebotar” como una bola o un resorte después de una experiencia difícil.

El consenso está en que la mayoría de autores considera a la resiliencia como una característica personal, propia de todo ser humano sin distinción de edad, raza, credo, nacionalidad o de ninguna otra clase. Por tal motivo la psicóloga Edith Grotberg (2003) la describe como capacidad humana universal.

Por último deseo destacar que todas personas poseemos esta capacidad, ya que el término engloba la introspección, independencia, capacidad de relacionarse, iniciativa, humor, creatividad y moralidad (Wolin, 1999). El detalle esta que podamos desarrollar aún más estas características, y todo comienza por casa.