“Si queremos
un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al
servicio del amor”.
Antoine de Saint-Exupery
En esta época los jóvenes hemos sido tildados
de poco analíticos, indiferentes e insensibles frente a la problemática que
atravesó el país durante la época del terrorismo. Pero algo que nuestros
hermanos mayores no pueden negar es que ellos han permitido esta situación,
ante un tema que les cuesta ver, y parece que ahora sigue dormido en nuestros
inconscientes, a no ser por ligeros chispazos que reviven el tema.
La película “La boca del lobo” (1988) nos
inicia en esta búsqueda de retratar lo vivido en la época de los 80, teniendo
en cuenta que es una cinta muy atrevida y temeraria para su época, por el
temor, que imagino debe de haber constituido las represalias de Sendero y del
Estado. Pero es esa misma valentía la que debemos formar para enfrentar
frontalmente a esta ideología, que se ha asociado con otro problema social de
igual o mayor gravedad, el narcotráfico.
El secuestro de los trabajadores de empresas
contratistas de Camisea en Cusco nos alerta que, el narcoterrorismo puede tomar
muchas vidas más en el menor de los descuidos. La pérdida de la capitana Nancy Flores
Paucar, miembro de la Policía Nacional del Perú, mientras
realizaba operaciones de búsqueda de los secuestrados, y muchos otros soldados
en el VRAE, nos recuerda eso que paradójicamente poco a nada le ha importado a
la sociedad. Que tampoco se ha podido agradecer.
Quedan también muchas otras personas que
lucharon por la patria, esa patria que ahora abandona a sus luchadores. Quedan
los civiles de una época llena de genocidio, esa que está regresando al
presente (o probablemente nunca se fue).
Ellos necesitan en estos momentos atenciones psicológicas, ya que llevan
consigo temores que les cuesta explicar; síntomas de un estrés post traumático
que amenaza en otros casos en tornarse en esquizofrenia, entre otros rezagos
que quedan en el inconsciente colectivo. Así que, a tomar conciencia sobre
estos puntos y no relegar algo que se debe enfrentar, recuerden que ¡nuestro
peor enemigo es el olvido!.
"Quien
olvida su historia está condenado a repetirla".
Jorge Agustín
Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás
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